Seguir las reglas y portarse bien es sumamente sencillo cuando no hay presión, cuando nada te hace vacilar o cuando nada te preocupa. En el momento en que los problemas se hacen presente, y dependiendo de la intensidad de estos, nos hacen cambiar y reaccionar de una manera poco usual, que con el pasar del tiempo crean una amargura en nosotros.

Muy pocos tienen la habilidad de mantener la entereza ante una situación de presión extrema. El apóstol Pedro perdió totalmente su entereza al negar a Jesús por encontrarse en una situación de caos y presión. Tuvo el valor de decir que no conocía a Jesús, a quien ese mismo día le había mostrado su respaldo incondicional, hasta la muerte.

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