En varias ocasiones he mencionado que hay dos personas en el mundo a las cuales nunca podremos engañar, la primera es Dios que conoce todos nuestros pensamientos; y la otra es nuestra propia persona. Nadie se puede dar atol con el dedo, dicen que una mentira de tanto repetirse se hace verdad, sin embargo, en nuestro interior, en lo más profundo de nuestro corazón sabemos que no es así.

Hay muchas personas que han escalado, que se han beneficiado de un mal proceder, de una traición, de una mentira, de un delinquir, de aplastar y dejar en el camino a otros indebidamente. Hay quienes han ofrecido su cuerpo por tal de subir en el escalafón de la sociedad, se han prestado a seducir al jefe, al que tiene la firma de poder para poder salir “avante” de una situación.

Anuncios