Miles y miles de parejas se divorcian todos los años. En los últimos tiempos, millones de personas se dieron por vencidas y rompieron los lazos matrimoniales.

Es más, en algunos lugares hay más divorcios que matrimonios cada semana. Los hogares se están desintegrando. Las madres están abandonando la lucha y los padres están desertando.

Por cada hogar que se destruye por medio del divorcio y separación, hay niños que aprenderán lo que significa estar heridos y cómo odiar. Cada uno de estos chicos y chicas querrán vengarse de este mundo por esa realidad que les tocó vivir.

Es muy probable que esa razón por la cual, mientras tu lees esta reflexión, centenares de personas serán robadas, violadas, golpeadas y hasta asesinadas por los hijos de esta clase de hogares.

Creo que ahora he llamado tu atención acerca del por qué Dios está interesado en lo que respecta al matrimonio.

Algunos “iluminados mentales” han salido con una solución: si los matrimonios son tan complejos y confusos, ¿por qué no descartarlos? ¿por qué no simplemente botar todo eso del matrimonio? ¿por qué no viven los dos simplemente a manera de prueba, y si no logran entenderse, se separan, sin que queden vínculos ni responsabilidades?

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Estoy seguro que te soltaste una risa cuando leíste el tema de la reflexión de este día. Siento mucho si te enojaste conmigo por haber puesto un tópico tan amarillista. No es que quiera llamar la atención con este tema para que me lean y entren al blog, lo puse más bien para que nos demos cuenta que la frase “hacer el amor” se lee ridícula, ahora imagínate si la dices a una persona, se convierte en todo un “pancho”.