Si hago la pregunta ¿Cuántos cristianos han sufrido discriminación por parte de las personas que no son cristianas? Creo que la mayoría levantaría la mano y diría que ha sido víctima al menos en una ocasión de bromas, comentarios o acciones discriminatorias debido a nuestra elección de servir y seguir a Jesús.

Yo se lo que significa ser un niño, un joven y un adulto cristiano. Tuve la oportunidad de nacer en un hogar con padres cristianos y se que la vida fuera de casa para un cristiano es bastante fuerte, tanto así que pocos llegan a adultos para contarlo. En el camino han desfallecido muchos que eran cristianos cuando joven, víctimas de la presión de los amigos que decían que ser cristianos es algo anticuado y aburrido, claro en otras palabras. No falta el comentario que dice “yo no soy tonto para ir a la iglesia y que me roben el dinero con los diezmos y ofrendas”, “para que el pastor se compre un carro nuevo mejor no voy a la iglesia” y cosas por el estilo.

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Si te lees los 18 versículos del primer capítulo del libro de Josué, encontrarás una frase que sin duda te llamará la atención “Esfuérzate y sé valiente”.

Todo aquel que haya leído la historia de Josué sabrá que el reto que tenía por delante, de conquistar la tierra, era muy grande y complicado, tomando en cuenta que el pueblo de Israel no era precisamente un pueblo de guerreros. Venían de una esclavitud de muchos años en Egipto y por si esto fuera poco, muchos de los que estaban vivos en ese momento antes de conquistar habían nacido en el desierto y no sabían más que caminar en ese lugar.

A pesar del gran reto de estrategia y táctica militar para la conquista, al leer bien el capítulo uno, parece ser que el meollo del asunto no era precisamente el de la guerra contra los habitantes de aquellas tierras; sino más bien el tema más importante en sobremanera era de no apartarse ni adiestra ni a siniestra de la Ley que Dios le había dado a Moisés, su antecesor.


Hoy no escribiré una reflexión como suelo hacerlo, sino más registraré algunos de mis pensamientos en estas líneas electrónicas del blog. Un 21 de junio de hace mucho tiempo nació este tu servidor en la ciudad de San Salvador. Mis padres se preocuparon un poco al ver mi pequeño tamaño, tanto así que ocupaban un cojín para tomarme en sus brazos, pero gracias a Dios poco a poco fui tomando forma (de barrilito) y recuperé un poco el crecimiento.


¿No te has topado en la vida con personas que solo se te acercan porque quieren a un oyente interesado, y así revelar su YO y narrar todas sus experiencias? Creo que la respuesta a la interrogante anterior es SI. ¿Son personas extraordinarias? Claro que no. Hay muchas personas que tienen ese comportamiento.

¿Qué es lo misterioso de una buena conversación? Pues no hay nada misterioso, lo importante es prestar atención exclusiva a la persona que habla. Nada encierra tanto floreo como eso.

Cuando converse con una persona no olvide convertirse en un buen oyente y siempre alentar al hablar.

Hoy descubriremos el arte de escuchar.


¿Nunca le has hecho un cumplido a algún extraño? ¿A un empleado de un banco al momento de cambiar un cheque? ¿A un asistente en el consultorio del doctor? ¿A quien te atendió en un almacén?

Creo que me dirás “eso de hacer cumplidos a los extraños no es conmigo”. Pues en nuestros días te diré que es hasta un poco peligroso. Pero más de alguno de nosotros lo hemos hecho.


Hubo un personaje de la historia que fue emblemático en la cultura estadounidense, estoy hablando del vigésimo sexto presidente de esa nación, Roosevelt.
Todos los que visitaron a este caballero quedaron asombrados por la profundidad y la diversidad de sus conocimientos. Fuese un vaquero o un soldado de caballería, un político de renombre o un doctor en medicina quien lo visitaba, Roosevelt sabía de qué hablar. ¿Cómo lo lograba? La respuesta le parecerá hasta absurda de lo sencilla que es. Siempre que Roosevelt esperaba a un visitante se quedaba hasta muy tarde la noche anterior a su llegada, instruyéndose en el tema sobre el cual sabía que se interesaba particularmente el huésped esperado.
Roosevelt no ignoraba, como los grandes líderes, que el camino real hasta el corazón es hablarle de las cosas que más preciadas le son.


Antes que me quieras linchar, lee hasta el final esta pequeña reflexión, y te darás cuenta que el tema de esta lectura es muy atinado.

Es un poco absurdo el que haya un día dedicado a la madre, suena tan vacío y comercial que cuesta creer que las queridas madres se tomen los agasajos de este día como algo real y salido del corazón. Es parecido al tradicional regalo del 24 o 31 de diciembre, miles y miles de personas comprando “lo que encuentren” en los almacenes al mejor precio posible para salir del compromiso del regalo para el ser querido.

¿Cuántos hijos e hijas festejarán este día solo por el hecho de que la mamá no se resienta y no por el hecho de sentirlo en el corazón? Vamos sincérate, que si este día jueves no fuera 10 de mayo no hubieras tomado el teléfono esta mañana para felicitar a tu mamá. ¿Por qué no lo hiciste ayer? ¿Por qué no lo harás mañana? ¿Captas la idea? Es por esta actitud que digo que es totalmente absurdo que haya un día de las madres.


El común de los hombres se interesa más por su propio nombre que por todos los demás de la tierra. Si se recuerda ese nombre y lo menciona cotidianamente, el dueño se sentirá muy halagado. Pero si se olvida o se escribe mal ese nombre, hemos ganado una gran desventaja con esa persona.

A veces es muy difícil recordar un nombre, sobretodo si no es de por acá.

Recordar y honrar los nombres de nuestros amigos y allegados, es uno de los secretos mejores guardados para que en la vida nos vaya con gran éxito.

Si somos propietarios de un negocio debemos de saber los nombres de nuestros empleados. Si somos jefes, debemos saber los nombres de nuestros colaboradores, si tenemos compañeros de trabajo; debemos saber de memoria los nombres de nuestros compañeros.


Debemos de comenzar por algo que todo el mundo sabe, o al menos se supone que sabe: Que la expresión de un rostro es mas importante, mucho más, que la ropa que nos ponemos.

Las acciones dicen más que las palabras, y una sonrisa expresa: “Me gusta usted. Me causa felicidad. Me alegro tanto de verlo.” La sonrisa de un bebé tiene el mismo efecto.

¿Una sonrisa poco sincera? No, a nadie engañaremos. Sabemos que es una cosa mecánica y nos causa enojo. Hablo de una verdadera sonrisa, que alegra el corazón, que venga de adentro, que valga buen precio en el mercado de sonrisas verdaderas.


¿Por qué entrar a este blog y leer acerca de cómo ser bienvenido en todas partes? ¿Por qué no estudiar profundamente la técnica del más grande conquistador de amigos que ha conocido jamás el mundo? ¿Te preguntarás, quién es? Es muy posible que lo hayas visto esta mañana, en tu casa o por la calle. Lo reconocerás ya que estando a cinco metros de ti, te agitaré la cola. Si te detienes a acariciarlo, saltará como enloquecido para demostrarte lo mucho que te quiere. Tú sabes muy bien que detrás de esa muestra de afecto no hay motivos escondidos: no quiere venderte un carro, no quiere venderte una casa, no quiere casarse contigo ni mucho menos pedirte dinero prestado.

¿No te has detenido a pensar que el perro es un animal que no tiene que trabajar para ganarse el sustento? La gallina tiene que poner huevos, la vaca dar leche y el canario cantar. Pero el perro se gana la vida sólo con demostrar su cariño por el dueño.