Introducción

Creo que has escuchado de un famoso empresario pesquero de Capernaúm. Un hombre fuerte, de mecha corta, seguro de sí mismo. Un hombre familiar, con una querida y servicial suegra. Un hombre trabajador que no escatima esfuerzos para llevar el sustento a casa.

Este hombre preocupado por la economía de su casa, entra al mar una noche a querer pescar esos ansiados peces que se convertirán en los recursos para sus seres queridos. Intentó pescar con todo su equipo y ni siquiera logró un chimbolito.

Este hombre echa rayos, está frustrado de no haber podido pescar y por si fuera poco se le acerca un hombre que parece no ser de la industria pesquera y le dice que salgan a pescar, que cree que será una jornada de muchos peces.

El empresario pesquero viendo la determinación de aquel hombre, decide entrar al mar nuevamente. Lo que este hombre no sabe, que por cierto se llama Pedro, es que Jesús, el hombre con el que entra al mar, la Biblia lo reconoce como el Creador y por lo tanto los peces obedecerán sus palabras y seguramente se pelearán por morir en la red que arroje aquel pescador, antes de entrar al anonimato de otro pez en los mares.

Aquel día Pedro vio el poder maravilloso de Dios a través de esa pesca maravillosa. Se puso contento, saltaba con una pierna de lo feliz que estaba. Fue a su casa y le contó a su esposa del tremendo socio que tenía en el negocio.

Anuncios