Si hago la pregunta ¿Cuántos cristianos han sufrido discriminación por parte de las personas que no son cristianas? Creo que la mayoría levantaría la mano y diría que ha sido víctima al menos en una ocasión de bromas, comentarios o acciones discriminatorias debido a nuestra elección de servir y seguir a Jesús.

Yo se lo que significa ser un niño, un joven y un adulto cristiano. Tuve la oportunidad de nacer en un hogar con padres cristianos y se que la vida fuera de casa para un cristiano es bastante fuerte, tanto así que pocos llegan a adultos para contarlo. En el camino han desfallecido muchos que eran cristianos cuando joven, víctimas de la presión de los amigos que decían que ser cristianos es algo anticuado y aburrido, claro en otras palabras. No falta el comentario que dice “yo no soy tonto para ir a la iglesia y que me roben el dinero con los diezmos y ofrendas”, “para que el pastor se compre un carro nuevo mejor no voy a la iglesia” y cosas por el estilo.

Anuncios

Si te lees los 18 versículos del primer capítulo del libro de Josué, encontrarás una frase que sin duda te llamará la atención “Esfuérzate y sé valiente”.

Todo aquel que haya leído la historia de Josué sabrá que el reto que tenía por delante, de conquistar la tierra, era muy grande y complicado, tomando en cuenta que el pueblo de Israel no era precisamente un pueblo de guerreros. Venían de una esclavitud de muchos años en Egipto y por si esto fuera poco, muchos de los que estaban vivos en ese momento antes de conquistar habían nacido en el desierto y no sabían más que caminar en ese lugar.

A pesar del gran reto de estrategia y táctica militar para la conquista, al leer bien el capítulo uno, parece ser que el meollo del asunto no era precisamente el de la guerra contra los habitantes de aquellas tierras; sino más bien el tema más importante en sobremanera era de no apartarse ni adiestra ni a siniestra de la Ley que Dios le había dado a Moisés, su antecesor.


Cuando estaba muy pequeño y mis padres me tomaban en sus brazos, venían hermanos y les decían: “cuando crecen es el problema”. Fui creciendo y cuando ya era casi un adolescente: “ya verá que a esa edad son tremendos los jovencitos, ya lo verán”. Luego fui creciendo y esas predicciones jamás pasaron, soy una persona, gracias a Dios, que nunca ha desfallecido en el camino de la búsqueda de Dios.

Mis padres decidieron no permitir que esos miedos despertaran. En cambio ellos despertaron su fe. Ellos no esperaron que sus hijos causaran problemas, esperaron que se destacaran. Esperan que hagan grandes cosas con sus vidas.


Envidiar es una emoción que no sólo implica anhelar lo que la otra persona tiene, querer estar pasando por la misma circunstancia que el otro; el acto de envidiar implica mucho más: te coloca en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. La envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca voy a tener lo que el otro posee.

Son emociones que lentamente nos destruyen, sin darnos cuenta de que la procesión va por dentro.

Reyerta, incomodidad, rabia y ahogo son sentimientos con los que nos encontramos al pensar que no hemos alcanzado lo que otros sí tienen.

Podemos envidiar un carro, un cuerpo espectacular, una casa hermosa, una inquebrantable salud, un cargo de jerarquía, un buen esposo, una mujer atractiva e inteligente, las habilidades de un amigo y muchas cosas más.


Recuerdo que en el año 1996 escuché en una iglesia un par de conceptos que nunca se me olvidarán, la Voluntad Perfecta y la Voluntad Permisiva de Dios. Créeme que es súper sencillo de comprender pero hasta ese momento no sabía como llamarle al hecho cuando una persona no hace la voluntad de Dios, se le llama voluntad permisiva.

Tu sabes que como seres humanos, Dios nos ha brindado un libre albedrío. Significa que si lo deseas puedes hacer lo bueno y lo malo. Está en tus manos tomar cualquiera de estas opciones: esta tarde después del trabajo enamorar a tu esposa llevándole rosas y escribiéndole un poema, o bien puedes buscar en la lista de celulares de viejas amigas e invitarla a un “café” que terminará en noche de tragos e infidelidades.

Hoy no escribo para persuadirte a que busques hacer la voluntad perfecta de Dios o la permisiva; sino más bien escribo para hacerte ver las diferencias abismales entre ambas. Estamos claros que Dios te brinda un libre actuar y pensar, es más, hasta nos da la opción de creer en Él o no; pero eso no significa que todo lo que hagamos esta bien o acorde a la santa y perfecta voluntad de Dios.


¿Por qué será que a lo nuestro le hacemos el feo? Tenemos grandes talentos en el canto y preferimos a Lady Gaga, tenemos bonitos lugares que visitar en nuestro país y preferimos ir de vacaciones fuera de él. Para ver un show local estamos dispuesto a dar poco o nada y cuando es un show internacional somos capaces hasta de endeudarnos con la tarjeta de crédito.

¿Será que lo nuestro es de mala calidad? ¿Será que lo nuestro es peor? Yo creo que no es así, lo nuestro tiene mucha calidad, tenemos grandes talentos, tenemos muy bonitos lugares, nuestra gente es de calidad mundial y el trabajo que hacemos es también muy competitivo.


Es muy común que las personas cuando están en angustia, con un pesar o con una necesidad muy grande se acerquen a la iglesia para experimentar un milagro, algo sobrenatural. La crisis inyecta una gran dosis de fe a tal grado que las barreras de lo posible se expanden a terrenos nunca antes explorados. La crisis hace que una persona tenga deseos de hablar con Dios, de doblar sus rodillas y gemir por un milagro no merecido.


EquivocarseNo es lo mismo robar cien dólares que robar un millón de dólares, pero el hecho es el mismo: ROBAR. Entiendo que tampoco es lo mismo ser un asesino en serie que un fornicador en serie, pero el hecho es el mismo: PECAR. No existen los pecados grandes y los pecados chiquitos, todos nos alejan de Dios, todos construyen una brecha más amplia en la relación con Dios.

La Biblia habla de un lugar de tormento eterno que se llama Infierno el cual está preparado para todos lo que han decidido vivir conforme a sus deseos sin tomar en cuenta a Dios. Acá se lleva de encuentro a todos aquellos que no han querido seguir a Jesús ni sus enseñanzas. Es muy probable que hayan diferentes niveles de tormento en ese lugar de lago de fuego, seguramente los hechiceros, asesinos y violadores estén en un lugar más angustiante que el simple incrédulo o el buena gente que nunca mató una mosca, pero el lugar es el mismo: El infierno. Si me preguntas yo no quisiera estar en el lugar más “light” del infierno; sin embargo ese lugar más “suavecito” es el que forjamos si no damos el paso de buena gente a cristiano.


La mayoría de personas tiene una idea totalmente equivocada y distante de lo que es verdaderamente un cristiano. Muchos piensan que los cristianos somos aburridos, que no nos gusta divertirnos ni disfrutar de las cosas bellas de la vida. Muchos piensan que el cristiano tiene un montón de ataduras y prohibiciones de un sin fin de cosas como el alcohol, las malas palabras, el cigarro, el sexo, las discotecas, las fiestas y trasnochadas. Algunos otros piensan que los cristianos somos tontos porque el pastor nos quita el dinero con los diezmos y las ofrendas, que nos hemos dejado lavar el cerebro y ahora solo andamos viendo qué regalarle al pastor o a un hermano.

Esa es la idea que tiene la gente cuando ve el evangelio por fuera, cuando hablan sin mayor conocimiento más que con sus presunciones y arrebatados juicios. Esa es la idea que todos los que están fuera del evangelio tienen acerca de convertiste en un cristiano. Yo he sido testigo como padres de familia prefieren que sus hijas e hijos vayan a lugares de mala muerte en la noche que ir a una iglesia cristiana el domingo por la mañana. Hay padres que les han dicho a sus hijos, te permito TODO, menos que te hagas cristiano.


Una gran tristeza e indignación embargó mi corazón este fin de semana que anduve disfrutando un helado con mi familia. Ya es triste observar a jovencitos ignorantes, o pueda que muy sabedores, participar de fiestas de disfraces en vísperas de Halloween, como gente sin cultura alguna escribe en sus muros “¡Qué bien, finde de halloween! y cosas por el estilo. Pero algo totalmente diferente y SIN PALABRAS es observar a padres de familia fomentando el halloween en sus pequeños hijos que no pasan los dos años de edad. ¿Cómo es posible? ¿Qué límites hemos alcanzado?

Vi en un centro comercial el pasado sábado en la noche como una “bruja adulta” estaba pintando en la carita de los bebés artes alusivas a halloween, FRENTE a sus padres. Créeme que si yo viera que están haciendo eso a uno de los míos, soy capaz de hacer una nueva hoguera de brujas. Pueda que este exagerando con la hoguera, pero no con dejar que pinten una calavera a mi pequeño bebé en mis narices.