Confundimos éxito con victoria


Sobretodo los que que servimos a Dios confundimos éxito con victoria. Tal y cual nos programan en la escuela, universidad y sociedad en general, buscamos alcanzar grandes logros y dejamos a un lado una gran verdad, que aunque la olvidamos, no pierde relevancia: Dios nos ama por lo que somos, no por lo que hacemos.

¿Y si el ministerio que diriges se convierte en el más grande del mundo? ¿Te amaría más Dios por ese logro? ¿Y qué tal si esa iglesia que pastoreas cierra por falta de miembros? ¿Te amaría menos Dios por ese fracaso?

Cuando estamos enfocados demasiado en el éxito, es más fácil confundirlo con victoria. Mira el ejemplo de Jesús, no vivía obsesionado por las multitudes, de hecho las confrontaba de tal manera que muchos dejaban de seguirlo.

¿Qué me dices de la Cruz? Debajo de ella (la cruz) no podemos apreciar ninguna muestra de éxito; sin embargo la cruz se convirtió después en la victoria más grande en toda la historia.


Para que lo entendamos mejor, el éxito es mas bien un concepto utilizado en los negocios; la victoria es un término de combate. Dios ama mucho más a sus soldados que a los resultados. En esto consiste la incomprensible gracia de nuestro Dios, a Él le interesa que ganemos la victoria en la guerra espiritual.