Puedes caerle bien a toda la gente


¿Nunca le has hecho un cumplido a algún extraño? ¿A un empleado de un banco al momento de cambiar un cheque? ¿A un asistente en el consultorio del doctor? ¿A quien te atendió en un almacén?

Creo que me dirás “eso de hacer cumplidos a los extraños no es conmigo”. Pues en nuestros días te diré que es hasta un poco peligroso. Pero más de alguno de nosotros lo hemos hecho. Le hemos dicho a ese extraño lo amable que ha sido en atendernos, le hemos dicho a una persona que sus ojos son preciosos (de hecho ya me han dicho muchas veces que mis ojos verdes son bonitos, modestia aparte). Pero el que nunca ha expresado nada bonito se estará preguntando ¿Qué queremos de aquel extraño o extraña?

Si somos tan despreciables, por egoístas, que no podemos irradiar algo de felicidad y rendir un elogio honrado, sin tratar de obtener algo en cambio; si nuestras almas son de tal pequeñez, iremos al fracaso, a un fracaso merecido.

Hay una ley importante en la conducta humana. Si obedecemos esa ley, casi nunca nos veremos en aprietos. Si la obedecemos, obtendremos incontables amigos y constante felicidad; pero si la quebrantamos tendremos innumerables dificultades. La ley es esta: TRATE SIEMPRE DE QUE LA OTRA PERSONA SE SIENTA IMPORTANTE. Recordemos que el principio más profundo en el carácter humano es el anhelo de ser apreciado.

Jesús lo resumió en un pensamiento que es probablemente la regla más importante del mundo: HAZ AL PRÓJIMO LO QUE QUIERAS QUE EL PRÓJIMO TE HAGA A TI.

Tu quieres la aprobación de todos aquellos con quienes entras en contacto. Cada persona quiere tener la sensación de su importancia en su pequeño mundo. No quiere escuchar adulaciones baratas, sin sinceridad; pero anhela una sincera apreciación. Todos deseamos que nuestros amigos sean calurosos en sus aprobaciones y generosos en sus elogios.

Frases como “Lamento molestarlo”, “Tendría usted la bondad de…”, “Quiere hacer el favor de…”, “Tendría usted la gentileza”; pequeñas cortesías como éstas sirven para aceitar las ruedas del auto de la vida diaria y, de paso, son la señal de la buena educación.

Santiago 2. “8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.

Autor: Dale Carniege

Paráfrasis: Josué Guzmán

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